Oing, oing…

Por fin se ha desvelado la sorpresa, la clase de las marietas se ha disfrazado de cerditos, vamos que entre todos los niños hemos montado una buena granja… Me lo he pasado genial en la fiesta y he salido del cole tan acelerada que mi madre corría detrás de mí como si de un auténtico cerdito se tratara… e igual de escurridizo. Por cierto, entre todos los niños nos hemos inventado un juego divertidísimo «arráncale el rabito a tu vecino», por eso no ha quedado ni uno sólo colgando.

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