


Después de un par de días comportándome de una forma un tanto rara (caer rendida a media tarde, dormir en exceso, no tener muchas ganas de comer), y pensando que se debía a los cambios en mi rutina y al tute que me daban mis primos… el día de la comunión de Nico me desperté con fiebre, y aunque lo intentaba no tenia fuerzas para nada, así es que en los postres decidimos acercarnos al Hospital (vaya, creo que en esto me voy pareciendo a mi papá, siempre le gusta visitar los ambulatorios o farmacias de todos los lugares que visita) dónde, después de laaaaargas horas, sólo me vieron una garganta un poco irritada… menudo resfriado apareció tres días más tarde.